Tal vez la gente no podrá entender lo que significaste en nuestras vidas, pero en esta ocasión hablaré de lo que fuiste en la mía específicamente. El primer cumpleaños lejos de casa, un cigarro y tú recostado a mi lado, tal vez sin saber que me acompañabas lo hacías de alguna u otra manera, cada cigarro nocturno, cuando te sientes sola los cambiaste por cigarros acompañados, repletos de ti en silencio o en movimiento, chocando con alguna silla por causa de la vejez que ya te estaba dejando sin vernos. Eres más que el sábada, negrito, shakito, eres el que me acompaño y al que también acompañe. Pero te fuiste quedando ciego, ya no nos veías, te fuiste quedando sordo, ya no nos escuchabas, las patitas perdían fuerza y tus ladridos ya no se escuchaban, incluso para los que no te amábamos dejaste de ser una molestia. Pero por mi parte nunca te dejé de ver, nunca te deje de escuchar, y cada vez que te caíste trate de acompañarte como lo hacías tú en cada cigarrillo nocturno o melancólico. No quiero decir que te matamos, porque la muerte no se resume en lo biológico, ya habías partido y debíamos ser tan leales contigo como tú lo fuiste con nosotros. Te conocí desde hace muchos años y el lazo mas fuerte no se formó hace mucho, pero debo admitir que llegaste en el momento más importante de mi vida, ese momento de cambios y transformaciones, de crecimiento y de desniveles, de deseos y frustraciones, pero llegaste para siempre.
Sabito, hoy no fue el mejor día, si te lastimamos, si sufriste, si sentiste esa soledad que muchas veces sentí, te pido perdón, ahora te recuerdo como lo que fuiste y lo que serás siempre. Sé que mereces más que una publicación en mi blog, pero durante tu vida intenté darte todo el amor que necesitabas, un poco exacerbado a veces por mis maniáticas formas de entregar cariño, a veces distante y a veces demasiado pegote, pero después de todo solo cabe decir Sabada te amo y duele tu partida, duele que el tiempo terrenal sea tan efímero en este mundo, duele saber lo mortales e inmortales que somos a la vez. El mejor consuelo es saber lo mucho que te ame y que intenté cuidarte mientras sufrías, no sé si lo hice de la mejor manera, lo intente, y hoy te lloro con todo el cuerpo y con toda el alma.
Ándate Sabito, descansa y duerme para siempre.
Buenas noches.