24 ago 2009

Me esta siguiendo, me mira fijamente, no se que quiere, tengo mucho miedo porque me resulta conocido, es blanco igual que los otros, pero diferente en la forma de dominarme. Trato de correr pero este cuerpo idiota se queda estático, resulta que no puedo mas con el dolor, se me congela la punta de mi nariz por culpa de este viento que me azota la cara. Este miedo me asusta más que los otros, me desconozco, y él no para de seguirme, no para de mirarme y con su gesto inocuo de violador me enamora.
Comienzo a detener esta carrera, primero paralizo el viento con la palma de mi mano, respiro una vez para sentir el ardor en mi garganta, ese dolor hace que mis ojos se pongan vidriosos de la misma manera que se pusieron cuando mate mi lengua. Todo está inmóvil, el viento no sopla más y ese silencio aterrador me envuelve. Tengo esa sensación de gato sobre la lavadora y ese olor anacrónico nos junta. Está frente a mis pies, es pequeño, pero en un azar; que no me explico; se torna mas grande, y sigue su camino al cielo, ese que está lleno de ojos que miran y no hacen nada, mientras él crece sin dejar de mostrarse excelso.
Estoy recostada en mí suelo, seguramente mi cara se muestra estúpida frente al miedo que me carcome, y me va a aplastar, ya siento la presión sobre mi difuso cuerpo, grito lo más fuerte que puedo, pero el silencio en ese lugar es dueño, nadie escucha y esos ojos que ven, no hacen nada. La presión disminuye, ya puedo moverme, lo miro y cada vez se vuelve más pequeño; finalmente retorna a su tamaño normal, lo tomo y lo ubico entre mi dedo índice y mi dedo medio, acto seguido està entre mis labios y enciendo, acto final comienza a ingresar a mi cuerpo.

¡Si no puedes quitártelo de la cabeza, fúmatelo!

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