
Miradas desprolijas, personas deambulando sin sentido por las calles y esas mujeres hacen sonar sus tacos tan femeninamente por los adoquines que descargan malezas. Más allá se encuentran los señores que miran impávidos por las siluetas amenazantes de aquellas mujeres de la mala vida, no sabemos donde irán o cuantas vidas tendrán, tan frías y tan llenas de historias a la vez, tan hembras arrogantes y desleales, con ese maquillaje exacerbado que las hace ver sin duda mas hermosas de lo que son.
Me ubico en la plataforma del frente para mirar las distintas escenas que se van generando por las acciones que cada uno de los personajes se encarga de dar vida.
La mujer más bella de esa noche lleva puesto un vestido extremadamente corto para mi gusto; pero no por eso deja de verse realmente hermosa; las lentejuelas cubren ese mismo disfraz, los tacones altos para realzar sus largas piernas y el rojo furioso infaltable en sus labios carnosos, sus ojos negros y grandes se encargan de atrapar las miradas de los hombres que pasean en sus coches buscando a la “indicada” que se encargará de cumplir con lo que ellos pidan, siempre teniendo en cuenta que al final de aquella agitada noche recibirán lo que merecen.
La muchacha rubia, según yo la mas joven de ellas tres, mira asiduamente cada carro que se estaciona en ese lugar, seguramente no conoce a cabalidad las reglas que este juego tiene, pero sabe perfectamente cual es el fin y bajo esos parámetros se rige perfectamente siendo la primera en partir. Un carro lujoso, dentro de él un hombre que se encarga de cubrir muy bien su rostro, y rápidamente parten hacia un rumbo que todos los presentes desconocemos, incluso el hombre de aquel auto.
Me retiro rápidamente del lugar, no necesito ver más de lo mismo, después de unos cuantos días de retiro me he dado cuenta que este juego es parte de mi vida, y desde la vereda del frente no lo disfruto tanto, prefiero ponerme mi vestido de lentejuelas rojas, mis tacones y mi labial rojo que resalta mis labios mordidos por esos hombre que me demandan noche a noche.
Me ubico en la plataforma del frente para mirar las distintas escenas que se van generando por las acciones que cada uno de los personajes se encarga de dar vida.
La mujer más bella de esa noche lleva puesto un vestido extremadamente corto para mi gusto; pero no por eso deja de verse realmente hermosa; las lentejuelas cubren ese mismo disfraz, los tacones altos para realzar sus largas piernas y el rojo furioso infaltable en sus labios carnosos, sus ojos negros y grandes se encargan de atrapar las miradas de los hombres que pasean en sus coches buscando a la “indicada” que se encargará de cumplir con lo que ellos pidan, siempre teniendo en cuenta que al final de aquella agitada noche recibirán lo que merecen.
La muchacha rubia, según yo la mas joven de ellas tres, mira asiduamente cada carro que se estaciona en ese lugar, seguramente no conoce a cabalidad las reglas que este juego tiene, pero sabe perfectamente cual es el fin y bajo esos parámetros se rige perfectamente siendo la primera en partir. Un carro lujoso, dentro de él un hombre que se encarga de cubrir muy bien su rostro, y rápidamente parten hacia un rumbo que todos los presentes desconocemos, incluso el hombre de aquel auto.
Me retiro rápidamente del lugar, no necesito ver más de lo mismo, después de unos cuantos días de retiro me he dado cuenta que este juego es parte de mi vida, y desde la vereda del frente no lo disfruto tanto, prefiero ponerme mi vestido de lentejuelas rojas, mis tacones y mi labial rojo que resalta mis labios mordidos por esos hombre que me demandan noche a noche.
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