El vaivén de la vida, tan poco trascendentales todos, tan reemplazables y fáciles de olvidar, tan presentes y tan lejanos a la vez. Lo físico, lo palpable, lo respirable y lo odiable. Todo aquello somos todos, no intentemos quedarnos en las vidas de otros, menos intenten que ellos se queden. ¿Diferentes?, ¡predecibles!, no necesitas tener estrógeno ni progesterona para saber como actuarás. Operas siempre de la misma forma, exhalas siempre el mismo aliento, las ideas son las mismas de cada días, sólo el lenguaje te permite dar alguna transformación, porque no sabes decir otra cosa, definitivamente redundas en los mismo, caes en lo mismo, eres el mismo. No eres más que un ser estático que trata de cambiar para poder darle sentido a la vida, tu vida, no tienes nada de increíble, ni súper héroe. Tan mortal, tan tú, tan yo, tan todos.
No se trata de incredulidad, es más bien raciocinio del puro, sentimientos dejados de lado, mentiras olvidadas, certezas claras.
No intenten, no cambiarán nada, no son diferentes, seremos olvidados igual que el resto. Finalmente, siempre fuimos restos.
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