Me gusta el pelo largo y enredado, porque atrapa historias, de esas que duelen y que marcan groseramente a las personas, y es de ese modo como uno crece, al mismo tiempo como el pelo lo hace. Y la gente dice que hay que cortarlo, y así lo hacemos con el pasado, lo arrancamos. Pero no olvidemos que el pelo vuelve a crecer y la historia – que es parte de nosotros – vuelve a aparecer, porque no podemos salir de ella, porque nos marca y nos contiene sin permisividad de elegir aquello.
Yo prefiero dejarlo crecer, para que las puntas florezcan y para que mi cráneo no olvide que tengo raíces que son inarrancable.
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