Que sensación más extraña vivir estos cambios, son inesperados pero anhelados, me duele dejar atrás el pasado, siempre reclamé de él pero despedirme sin previo aviso me choca. Ahora debo partir a ese lugar tan soñado, repleto de gente inexistente y dejar ir a los conocidos porque ahora soy yo la que decido. Por fin el poder está en mis manos, mis direcciones, elecciones, pasos y miradas son sólo dictadas por mí, ya no miro a nadie que asienta con un simple gesto para saber si está bien o mal lo que haré. No sé si soy realmente feliz o esté repleta de dicha, pero sí sé que ahora está en mis manos, en mi cabeza y en mis pies hacer y caminar por lo que yo quiero.
Ahora no miro a través de los ojos de ellos, ahora no camino con sus pasos, ahora no respiro como ellos, ahora no actúo desde sus cabezas.
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