14 sept 2009

¿Por qué en las mandarinas, cuando son tan pequeñas, tienen que salir pepas?
¿Por qué me tengo que echar un pedazo de carne a la boca y justo va el nervio o la grasa que es la parte que más odio de la carne?
¿Por qué cuando como plátano esas malditas hilachas dejan áspera mi lengua?
¿Por qué dejo pasar a la señora embarazada antes, si la que está como barril soy yo?
¿Por qué el día jueves sigue gustándome como siempre?
¿Por qué mi madre cree que la quiero, cuando eso no es cierto?
¿Por qué el maldito celular suena siempre de la misma forma logrando que lo tenga la mayoría del día en silencio para evitar escucharlo?
¿Por qué 19 y no 25?
¿Por qué noche y no día?
¿Por qué papá y no mamá?
¿Por qué nicotina y no marihuana?
¿Por qué ratones y no arañas?
¿Por qué la cama y no la silla?
¿Por qué me esperan si no llegaré?
¿Por qué finjo si de todas formas seguiré siendo una mentira?

No me explique ninguna de las preguntas con una estupida teoría de algún estupido pensador, de un estupido país, que estudio en una estupida universidad que tiene un estúpido prestigio.

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