21 nov 2009

14 de Enero


Hace mucho tiempo que no hacia esto, y no es porque me disguste hacerlo, muy por el contrario amo el hielo, sobre todo cuando tengo el cuerpo caliente, cuando vengo llegando a casa después de una extensa caminata por el centro de Santiago un 14 de Enero, y mi cuerpo cada dos segundos retiene una gran cantidad de liquido. Mis pies están hinchados al igual que mis manos, mi cintura pierde su forma, adquiriendo mi cuerpo un estado de barril, las uñas apenas se pueden ver, mis ojos inyectados en sangre, las pupilas dilatadas y mis cejas caídas en el piso azul, de la casa verde, de la tía Blanca, y esa mesa roja manchada con la sangre morada, de mis manos amarillas cortadas. Vez que es fácil enseñar los colores al perro, me dijo la tía Blanca, no importándole que mis manos sangraran. Que mujer más fea es la tía Blanca.
Ahora me dirijo a la puerta, evitando el contacto físico con mi tía, es un poco gorda, y eso me da repugnancia.
Quiero salir de ese lugar, esta casa me repudia al igual que yo a ella, y esta mujer que no me deja tranquila, quiere controlar cada paso que doy, no le importa nadie mas que ella y su gato, seguramente es por su culpa que detesto a todos los felinos.
Ahora me retiro definitivamente, es como parte de un exilio pedido por ella, salir de una dictadura despreciada por largos años, donde no encontraba el apoyo de ese hombre que me amaba por lastima.
Es el fin, pero bueno, siempre me termina doliendo la cabeza cada vez que lo hago, pero definitivamente, amo meter el cerebro al congelador cada vez que llego a mi casa después de una larga caminata por el centro de Santiago un 14 de Enero.

No hay comentarios: